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Mostrando 4 resultados para "resistencia sistémica adquirida"

resistencia sistémica adquirida

Respuesta de resistencia de la planta tras una exposición a un patógeno; es un tipo de resistencia inducida. La respuesta confiere resistencia frente a una infección secundaria por patógenos biotróficos, necrotróficos y hemibiotróficos. En particular, SAR es más efectiva contra biotrofos mientras que la resistencia sistémica inducida es más efectiva contra necrotrofos y fitófagos. Se presenta en la mayoría de especies botánicas, variando el tiempo y nivel de protección según especies y efectores. La resistencia sistémica adquirida es inducida por patógenos y posee las siguientes características: i) se inicia con la activación local de la respuesta de inmunidad inducida por PAMP-PTI o inmunidad inducida por efector-ETI; ii) su señalización a larga distancia es mediada por el ácido salicílico y otros metabolitos vegetales; y iii) la expresión en los tejidos alejados del inductor está asociada con la activación de genes que codifican proteínas PR.

resistencia inducida

Respuesta no hereditaria desarrollada por un huésped normal susceptible tras un tratamiento predisponente, como la inoculación con un virus, viroide, hongo, oomiceto, o bacteria, la colonización de la rizosfera por ciertos microbios beneficiosos o tratamiento con ciertos productos químicos o agentes físicos. La resistencia se basa en un cebado (priming, en inglés), o puesta en alerta, del sistema inmunitario de la planta, de manera que la respuesta de defensa es más rápida o más intensa en futuras interacciones con agentes causantes de plagas. La respuesta es reversible, aunque puede durar toda la vida de la planta e incluso pasar a la descendencia, y puede afectar a partes de la planta distales del sitio de inducción de la resistencia, e incluso inducir la resistencia en plantas vecinas mediada por compuestos orgánicos volátiles (VOC). No es específica debido a que, sin importar el tipo de agente o patógeno utilizado como inductor, el nivel de resistencia en la planta aumenta frente a varios patógenos. Por ejemplo, la infección que causa el virus del mosaico del tabaco (Tobacco mosaic virus-TMV) en plantas de tabaco hipersensibles induce una resistencia sistémica ante este virus, así como ante otros virus, oomicetos (Phytophthora spp.), bacterias (Pseudomonas syringae pv. tabaci) y pulgones. Por otra parte, la infección causada en el tabaco por la bacteria P. syringae pv. tabaci, que causa lesiones foliares, induce resistencia sistémica contra el virus del mosaico del tabaco (TMV). Se han estudiado en profundidad tres tipos de resistencia inducida: resistencia sistémica adquirida (SAR), resistencia sistémica inducida (ISR) y resistencia inducida por ácido -aminobutírico (resistencia inducida por BABA o BABA-IR).

resistencia sistémica inducida

Mecanismo activo de defensa en el que organismos colonizadores de la rizosfera, fundamentalmente hongos y bacterias promotoras del crecimiento, causan la inducción de mecanismos generales de defensa que permiten proteger a la planta de una amplia gama de patógenos y fitófagos. Es un tipo de resistencia inducida, y es fundamentalmente activa contra necrotrofos y artrópodos fitófagos, mientras que la resistencia sistémica adquirida (SAR) es más efectiva contra biotrofos.

servicios ecosistémicos

En el campo de la Fitopatología el término se refiere a los beneficios que los ecosistemas naturales o agrícolas sanos proporcionan a las plantas cultivadas al contribuir a la prevención o manejo de enfermedades, así como a la resiliencia de la planta frente a las mismas. Los tipos de servicios ecosistémicos más relevantes son fundamentalmente: i) servicios de regulación, como el control natural de patógenos mediante: la actividad de microorganismos benéficos (antagonistas, competidores, depredadores de esporas, etc.); el incremento de la biodiversidad vegetal, que permite reducir la propagación de enfermedades por interrupción de ciclos de vida de patógenos; y la mejora del microbioma del suelo, que contribuye significativamente a la supresión de enfermedades radiculares; ii) servicios de soporte, como son el mantenimiento de la biodiversidad microbiana, que favorece la resiliencia del sistema frente a brotes epidémicos, o los ciclos de nutrientes saludables que fortalecen a las plantas, reduciendo su sensibilidad a enfermedades; iii) servicios de provisión, como, por ejemplo, la producción de compuestos antimicrobianos por hongos o bacterias del suelo, la presencia de micorrizas y de organismos endófitos que inducen defensas sistémicas en las plantas ; y iv) servicios culturales (de uso indirecto) como lograr zonas extensas o paisajes agrícolas con mayor biodiversidad y sanidad, que permitan prácticas agroecológicas con menor dependencia de productos fitosanitarios.

Sociedad Española de Fitopatología
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