Aquella ideada por Avinent et al. (1993), obtenida al pulverizar la planta entera, algunos brotes, hojas, frutos, etc. con una sustancia pegajosa no fitotóxica (como el spray Souverode). Se emplea para el muestreo de casi todo tipo de artrópodos visitantes que, al aterrizar sobre la parte rociada con goma, quedan atrapados. Es la más mimética con la planta y fiel en sus registros de los artrópodos visitantes de la parte rociada. Las plantas trampa rociadas deben ser renovadas cada 7-10 días y los artrópodos recuperados mediante lavado con un disolvente (frecuentemente aguarrás o esencia de trementina), y subsiguiente enjuague con detergente y son finalmente lavados con agua (con ayuda de un colador) y conservados en etanol del 70 % hasta su clasificación y análisis por PCR en tiempo real u otra técnica sensible. Frecuentemente se usan métodos directos de preparación de la muestra (especialmente las de escachado-captura), sin necesidad de purificar ácidos nucleicos.
trampa de hilos pegajosos
Trampa, diseñada por Labonne et al. (1983), específicamente para la captura de pulgones. Consiste en un marco de madera cuadrado, de unos 30 cm de lado, en el que se fija una parrilla de hilos de poliamida separados entre sí 3,5 mm, y que se coloca verticalmente en un soporte, a la altura que se desee. Los hilos se pulverizan con un adhesivo en aerosol, de manera que los pulgones que vayan a pasar volando entre ellos se quedan adheridos. Periódicamente se recogen los marcos y se dejan en un disolvente hasta que se desprendan los pulgones, que se almacenan e identifican. Este sistema genera resultados semejantes a los de la clásica trampa de succión, con la ventaja de ser mucho más manejable y de poder situarse a la altura o en la situación que se desee con respecto al árbol o las plantas hortícolas, pero tiene el inconveniente que representa el manejo de adhesivos y disolventes.