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Mostrando 4 resultados para "transmisión circulante no propagativa"

transmisión circulante no propagativa

La de aquellos patógenos circulantes asociados a floema, que a pesar de acumularse en las glándulas salivales no se multiplican o replican en el vector. Constituyen un ejemplo de patógenos circulantes no propagativos los virus transmitidos por pulgones del género Luteovirus (como el virus del amarilleo enanizante de la cebada, Barley yellow dwarf virus-BYDV) en cuya transmisión hay dos proteínas implicadas: i) la proteína de la cápsida (capsómeros de 22-24c kDa) que facilita al virión atravesar la barrera del intestino posterior del pulgón, y ii) la proteína de lectura abierta o RT (read-through protein) de 55-58 kDa que facilita el transporte del virión a través de las glándulas salivales, mediante un complejo mecanismo.

transmisión circulante

La de aquellos patógenos denominados circulantes (internos), fundamentalmente algunos virus, que al ser ingeridos por el vector consiguen traspasar las barreras del sistema digestivo, llegar a la hemolinfa y generalmente acumularse en las glándulas salivales del vector, por medio de complejos mecanismos en los que se implican la proteína de la cápsida y otras proteínas e incluso a endosimbiontes. Pueden ser propagativos (si se multiplican o replican en el vector, aumentando su carga viral o título) o no propagativos. La mayoría de los virus de transmisión circulante (interna) están asociados a floema y se requieren largos períodos de prueba y alimentación para poder adquirirlos e inocularlos de forma eficiente.

transmisión persistente

Transmisión de tipo circulante por algunos insectos (principalmente pulgones, mosca blanca, cicadélidos, delfácidos, membrácidos y trips) y nematodos vectores de virus, caracterizada por un período de adquisición tras un prolongado lapso de tiempo de alimentación (varias horas o días). Los virus pasan a la hemolinfa por la que circulan, pudiendo en algunos casos, multiplicarse en el vector y pasar a la descendencia. Generalmente tras unos períodos de retención y de latencia largos (horas para retención y días a meses de latencia) para virus, el vector es capaz de transmitir durante toda su vida. El tejido preferente donde adquieren/inoculan es el floema. El período previo de ayuno del vector no tiene efecto en la eficacia de transmisión, así como la ecdisis o muda no implica la pérdida de los virus adquiridos. La especificidad en el caso de virus-vector es alta y la inoculación secuencial supone menor éxito en la transmisión que la alimentación continuada. Los nematodos vectores de virus pueden transmitir inmediatamente tras la adquisición, que dura generalmente un corto período en la que el nematodo ingiere con su estilete el citoplasma de células infectadas. La eficacia de transmisión aumenta al incrementarse el período de alimentación sobre la planta infectada. Los nematodos del género Xiphinema y los de la familia Trichodoridae retienen la capacidad de transmitir virus de vid por más tiempo que los del género Longidorus. Los virus de transmisión persistente (circulante) mejor conocidos son los miembros de género Luteovirus y su inoculación por pulgones, está asociada a la secreción de saliva acuosa en los vasos cribosos del floema. La adquisición se produce generalmente durante la fase de ingestión pasiva en dichos tubos. La interacción entre los luteovirus en general y los pulgones está mediada por la proteína de la cápsida (CP), siendo posible el fenómeno de la heterocapsidación que permite la transmisión vectorial de aislados virales no transmisibles, pero, se han descrito dos proteínas implicadas en la transmisión de aislados del género Luteovirus, la CP (capsómeros de 22-24 kDa), ya nombrada, y la proteína de lectura abierta (RT) de unos 55-58 kDa.

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