Asociación en la cual un organismo (el parásito) se desarrolla a expensas de otro (el huésped o anfitrión).
agente de control biológico, ACB
Enemigo natural, antagonista o competidor u otro organismo utilizado para el control de plagas, según terminología de la FAO, 2022. Glosario de términos fitosanitarios NIMF nº 5. También pueden ser obtenidos por técnicas biotecnológicas. La gran mayoría de los agentes de control biológico comercializados actúan por competencia, antibiosis o lisis. Otros actúan por hiperparasitismo y algunos actúan por resistencia inducida, promoción del crecimiento u otros mecanismos de acción.
bioacondicionamiento
Técnica de tratamiento de semillas que combina aspectos biológicos (inoculación de la semilla con organismos beneficiosos para protegerla) y fisiológicos (hidratación de la semilla y otros) para la prevención de enfermedades. Los microorganismos utilizados en el bioacondicionamiento pueden ser bacterias u hongos, incluyendo diversas especies que pueden establecer una relación simbiótica con las raíces de las plantas. Los más conocidos son las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (Plant Growth-Promoting Rizobacteria, PGPR, por sus siglas en inglés). Durante el proceso, los microorganismos se aplican a la superficie de la semilla, donde luego colonizan las raíces y forman una barrera protectora contra patógenos. Las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal incluyen una gran variedad de especies pertenecientes a los géneros: Agrobacterium, Arthrobacter, Azospirillum, Azotobacter, Bacillus, Burkholderia, Enterobacter, Klebsiella, Pseudomonas, Rhizobium, Serratia y Streptomyces. Su aplicación a las semillas mediante bioacondicionamiento mejora el rendimiento de las plantas bajo condiciones de estrés y, como resultado, incrementa el rendimiento de los cultivos tanto de forma directa como indirecta. Un grupo de cepas fúngicas del género Trichoderma spp. también se utiliza comúnmente en el bioacondicionamiento de semillas. Estos hongos viven en la rizosfera del suelo y colonizan las raíces de las plantas. Activan los sistemas de defensa de las raíces, provocando parasitismo y la producción de sustancias antibióticas, lo que finalmente regula las infecciones por patógenos y reduce la incidencia de enfermedades. Los antagonistas fúngicos más comúnmente utilizados en el bioacondicionamiento incluyen, principalmente, entre otros a: Ampelomyces quisqualis, Candida oleophila, Chaetomium globosum, Clonostachys rosea (sin. Gliocladium catenulatum), Paraphaeosphaeria minitans (sin. Coniothyrium minitans), Penicillium spp., Phlebiopsis gigantea (sin. Phlebia gigantea), Purpureocillium lilacinum (sin. Paecilomyces lilacinus), Talaromyces flavus, Teratosperma sclerotivorum (sin. Sporidesmium sclerotivorum), Trichoderma hamatum, T. harzianum, T. koningii, T. parceramosum (sin. T. atroviride), T. virens (sin. Gliocladium virens) y Verticillium lecani.
fasciación
1. Denominación común del síndrome que se caracteriza por la pérdida de dominancia apical, proliferación de yemas y engrosamiento de entrenudos. En algunos casos el síndrome consiste en la transformación de los brotes y tallos en órganos aplanados, como si algunas partes se hubieran fusionado, hipertrofiado y desorganizado, debido a alteraciones fisiológicas (cristación de cactus) o a parasitismo. Son típicas las inducidas por la bacteria Rhodococcus fascians. También son típicas las fasciaciones inducidas por el fitoplasma que afecta a Echium plantagineum o viborera. 2. (fasciation, leafy gall disease). Denominación común de la enfermedad causada por la bacteria grampositiva Rhodococcus fascians en dicotiledóneas y algunas monocotiledóneas, debida a una alta producción de citoquininas exógenas. Afecta principalmente a col (Brassica oleracea), coliflor (Brassica oleracea), pistacho (Pistacia vera) y a otras plantas como tabaco, mora, fresa y plantas ornamentales (primavera, kalanchoe, geranio, clavel e Impatiens, entre otras). La virulencia en esta especie está controlada por genes localizados en un plásmido y en el cromosoma, las cepas que carecen del plásmido no son patógenas. Genera fasciaciones y brotaciones anormales, especialmente en la base del tallo, con aparición de yemas y tallos cortos y gruesos con hojas anormales. Las fasciaciones consisten en un ensanchamiento del parénquima y un crecimiento anormal del sistema vascular, que resulta en la formación de arrugas y la ampliación de las venas, formación de yemas y tallos cortos y gruesos, tumores y deformaciones en raíces. En general, la infección resulta en un menor desarrollo vegetativo. La bacteria se transmite por el suelo, donde se conserva y por material vegetal. De amplia distribución geográfica en zonas templadas de Europa y América, Australia, Egipto, India, Irán y Nueva Zelanda. Identificada esporádicamente en España.
infestación
1. Contaminación de un suelo, sustrato, superficie (de una planta, sus órganos o útil de trabajo) sin infección ni parasitismo, por diversos microorganismos como hongos, oomicetos, bacterias, virus o viroides. No debe confundirse con infección por microorganismos, que se aplica solo a plantas o animales vivos enfermos con síntomas. 2. Contener o estar cubierto, un área o campo, con gran cantidad de individuos de una misma especie de plagas, especialmente insectos, ácaros, nematodos, malas hierbas, moluscos o roedores.
inmunidad inducida por PAMP
Respuesta defensiva del huésped o anfitrión que inhibe el crecimiento microbiano y contribuye a la resistencia no-huésped. El establecimiento de agentes patógenos (parasitismo) de una especie vegetal requiere la supresión de las respuestas defensivas asociadas a la inmunidad inducida por PAMPs, que es efectuada por moléculas secretadas por el patógeno, denominadas efectores o factores de virulencia, y determina la denominada susceptibilidad mediada por efector.
lucha biológica
1. Explotación de la competencia natural, parasitismo, antagonismo (natural o introducido artificialmente) u otros mecanismos en el manejo de organismos nocivos para las plantas, para lograr una reducción de la densidad de inóculo o de la actividad generadora de enfermedad de un patógeno, parásito o vector, en su estado activo o latente. Se utiliza especialmente en la producción ecológica y la producción integrada. 2. Control de una plaga en sentido amplio, mediante medidas directas o indirectas que aumenten la actividad de organismos que compiten con o limitan el crecimiento, reproducción o supervivencia de los organismos nocivos para las plantas.
resistencia
1. Capacidad inherente de un organismo (planta huésped o anfitriona) para superar o retardar, por completo o en algún grado, la actividad (infección) de un patógeno u otro factor o estrés adverso o dañino. El número de organismos nocivos que afectan a los cultivos y masas forestales es comparativamente pequeño, si se consideran la cantidad y diversidad de artrópodos y otros invertebrados fitófagos, patógenos microbianos (bacterias con y sin pared o fitoplasmas, hongos, oomicetos, nematodos, protozoos, virus, y viroides) y plantas superiores parásitas que interaccionan de forma continua con las especies agrícolas y silvícolas en la naturaleza. Esta limitación es consecuencia de un conjunto de capacidades denominadas colectivamente resistencia, que las plantas han desarrollado en el curso de su coevolución con los distintos organismos nocivos para reducir la magnitud del perjuicio asociado al parasitismo y a la fitofagia. El uso de cultivares de plantas resistentes a los agentes causales de plagas y enfermedades constituye el método de control más económicamente eficiente y ambientalmente sostenible. 2. Plaga o microorganismo capaz de resistir la exposición a ciertos plaguicidas. Capacidad genética de determinados organismos o microorganismos para sobrevivir tras un tratamiento o acción realizada en su contra con un producto fitosanitario. 3. Oposición ofrecida por un cuerpo al paso de una corriente eléctrica a su través.
resistencia básica
Resistencia ofrecida por las plantas en un primer nivel básico de defensa frente a microorganismos potencialmente parásitos. Además de las barreras físicas o química preformadas, las plantas poseen un sistema inmune basal que les permite reconocer molecularmente componentes altamente conservados en la mayoría de microorganismos (como quitina y glucanos de la pared fúngica, ergosterol de la membrana plasmática, etc.) y, como consecuencia de ello, activar la expresión de defensas basales inespecíficas que interfieren con el establecimiento del parasitismo. Para lograr establecer el parasitismo, los microorganismos deben evitar la inducción o suprimir la acción de las defensas basales, lo cual permite a los agentes fitopatógenos adquirir patogenicidad específica de especie y establecer su gama de plantas susceptibles (huéspedes o anfitriones). Superpuesto con el sistema inmune basal, las plantas han evolucionado adquiriendo un segundo y más especializado sistema de reconocimiento molecular de sus patógenos, que es gobernado por los productos de genes de resistencia (R). Dichos genes mantienen una relación gen a gen con los genes de las razas del patógeno (Avr) que determinan la expresión de la resistencia. Este sofisticado modelo de interacciones moleculares entre genes implicados en la resistencia general y la resistencia específica es considerado el nuevo dogma central de la Fitopatología según “La Sanidad Vegetal en la agricultura y la silvicultura: retos y perspectivas para el siglo XXI”.
simbiosis
Interacción, asociación o integración mutuamente beneficiosa o reforzante (aunque solo ocurra en una etapa relativamente breve) de especies diferentes, denominadas simbiontes, que implica un beneficio mutuo en forma de nutrientes o protección, sin provocar ningún perjuicio al otro, aunque sea únicamente temporal. Puede referirse a parasitismo, comensalismo o mutualismo, y ser tan completa que los individuos participantes no sean capaces de sobrevivir por separado, como los líquenes (simbiontes obligados). Cuando los simbiontes pueden proliferar por separado se denomina simbiosis facultativa.
sistema inmune basal
Aquel que poseen las plantas que les permite reconocer molecularmente componentes altamente conservados en la mayoría de microorganismos (como por ejemplo la quitina y glucano de la pared fúngica, ergosterol de la membrana plasmática, etc.) y, como consecuencia de ello, activar la expresión de defensas basales inespecíficas que interfieren con el establecimiento del parasitismo. La proximidad de este sistema con el sistema de inmunidad innato en mamíferos ha dado lugar a que para referir dichos componentes se utilice el acrónimo PAMP, que está siendo reemplazado por MAMP, en reconocimiento de que los microorganismos no patogénicos de plantas poseen tales patrones moleculares.