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período de latencia

1. Tiempo transcurrido entre la recepción del estímulo y el comienzo de la respuesta. 2. Tiempo que transcurre entre la infección por un agente patógeno y la producción de nuevo inóculo. 3. Período de incubación que transcurre entre la infección de una bacteria por un fago y la lisis bacteriana, o entre la inoculación de un agente patógeno y la aparición de síntomas o signos detectables en el huésped o anfitrión. 4. Fase de adaptación de un microorganismo en crecimiento o multiplicación. Se corresponde con la primera parte de la curva de crecimiento en la que el número de unidades formadoras de colonias permanece prácticamente constante, antes de iniciar la fase logarítmica o exponencial en la que los microorganismos crecen con rapidez. 5. Lapso de tiempo transcurrido entre que un vector adquiere un patógeno y puede transmitirlo con éxito a una nueva planta anfitriona causándole una infección local o sistémica.

desborre de yemas

Primera manifestación visible de crecimiento de las yemas de madera o flor, tras el período de latencia.

germinación

Cambios físicos y fisiológicos que tienen lugar bajo condiciones ambientales determinadas, en una estructura reproductiva o de diseminación (espora, polen, semilla, etc.). Provocan la iniciación de su crecimiento y nuevas estructuras, como un tubo germinal en el caso de los hongos fitopatógenos. Suele ocurrir a continuación de un periodo de latencia.

quiescente

1. Que está quieto pudiendo tener movimiento propio. 2. Periodo de latencia causado por condiciones desfavorables para la germinación o crecimiento.

transmisión no circulante

La de aquellos patógenos, frecuentemente virus y algunas especies bacterianas, que una vez adquiridos no pueden atravesar las barreras del sistema digestivo del insecto vector. Los patógenos adquiridos se asocian a la cutícula del intestino anterior del vector. Engloba a patógenos de transmisión no persistente y semipersistente, como virus de los géneros Cucumovirus o Potyvirus y otros transmitidos por pulgones o a la bacteria Xylella fastidiosa limitada a xilema transmitida por cicadélidos y cercópidos. La bacteria es retenida en la cutícula de la región cibarial y precibarial del insecto vector y la coloniza. No es necesario un período de latencia para X. fastidiosa por lo que el vector puede inocular la bacteria inmediatamente después de adquirirla.

transmisión no persistente

Tipo de transmisión no circulante, frecuente en pulgones y ciertos virus, en la que el agente patógeno es adquirido y transmitido por un vector tras un corto período de tiempo de alimentación o prueba en una planta infectada (segundos-minutos), y es retenido por el vector en la cutícula del estilete, también por un corto período de tiempo (horas). El agente patógeno puede pasar del estilete o del esófago (de hecho, se pueden detectar patógenos de plantas en insectos no vectores), pero no son retenidos, ni se multiplica el patógeno en el vector, ni pasa a su descendencia. El patógeno se adquiere-inocula, en el caso de pulgones, por un mecanismo de ingestión-salivación en las células de la epidermis o mesófilo de las plantas. No posee período de latencia. Generalmente, un período de ayuno previo favorece su transmisión, y en la ecdisis o muda se pierde el patógeno. Existe una baja especificidad patógeno-vector y disminuye drásticamente la transmisión tras una inoculación secuencial realizada por el mismo individuo vector, debido a su bajo período de retención. Es el tipo de transmisión de los géneros de virus: Alfamovirus, Bromovirus, Carlavirus, Cucumovirus, Vitivirus, Fabavirus, Macluravirus, y Potyvirus, siendo este último el grupo de virus de plantas más numeroso, al cual pertenecen virus de importancia económica como el virus Y de la patata o papa (Potato virus Y-PVY) o el virus de la sharka o viruela del ciruelo (Potyvirus plumpoxi, Plum pox virus-PPV). Estos potivirus requieren la presencia de un factor asistente de la transmisión, componente ayudante o HC. No obstante, la existencia de mutantes de potivirus no transmisibles por pulgón, aunque produzcan dicho factor funcionalmente activo, demuestra la implicación de otros factores en el proceso, entre ellos una región de tres aminoácidos (asparagina-alanina-glicina, DAG) en el extremo amino terminal de la cápsida. En el caso concreto de los cucumovirus (como el virus tipo del mosaico del pepino, Cucumber mosaic virus-CMV) emplea la estrategia de la proteína de la cápsida en la transmisión, mediante la cual el virión se une a la cutícula del pulgón directamente sin mediar ningún factor de transmisión.

transmisión por vectores

Proceso de paso o transferencia de un agente patógeno de una planta enferma a otro huésped o individuo distinto mediante un vector. Para producirse la transmisión efectiva, por muchos vectores especialmente de virus desde una planta infectada a otra planta sana, el vector debe necesariamente cumplir sucesivamente: i) localizar y visitar una planta infectada; ii) adquirir el patógeno tras prueba o alimentación y retención del mismo; iii) en algunos casos debe transcurrir un período de latencia; iv) transportar el patógeno e incluso multiplicación del mismo en el vector, y finalmente; v) inocular durante la prueba en los tejidos de la planta o durante la alimentación del vector en el floema o xilema de la nueva planta huésped o anfitriona. Los principales vectores de patógenos de plantas, particularmente de virus, en la naturaleza son artrópodos fitófagos (insectos y ácaros) y nematodos, además de microorganismos (plasmodiofóridos y hongos), siendo los insectos los más eficaces. Además, algunos virus y bacterias también pueden ser transmitidos de una planta a otra a través de especies de la planta parásita cuscuta (Cuscuta campestris y C. subinclusa). Los pulgones representan, aproximadamente, el 41 % de los vectores de virus, las moscas blancas el 30 % y los escarabajos el 7,7 %. Van seguidos en orden decreciente por: cicadélidos (4,0 %), trips (3,8 %), delfácidos (3,0 %), y en porcentajes menores al 2,5 % en cuanto al número de virus transmitidos, por ácaros, plasmodiofóridos (como Polymyxa graminis, P. betae y Spongospora subterranea), hongos (como Olpidium brassicae, u O. bornovanus), nematodos de los géneros Longidorus, Xiphinema, Paratrichodorus, Trichodorus, y Paralongidorus, de mayor a menor número de especies de virus transmitidos y, finalmente por pseudocóccidos, y membrácidos.

transmisión semipersistente

Aquella de tipo no circulante que combina características intermedias entre los tipos de transmisión no persistente y persistente, siendo más frecuente entre los virus transmitidos por coleópteros, mosca blanca, ácaros y nematodos que entre los transmitidos por pulgones. Algunos virus de importancia económica son eficazmente transmitidos por pulgones de esta forma, como el virus de ARN de la tristeza de los cítricos (Closterovirus tristezae, Citrus tristeza virus-CTV) confinado al floema. Los patógenos transmitidos de forma semipersistente se caracterizan por un tiempo de retención en el vector de pocos días, un tiempo de adquisición de pocas horas, no poseen período de latencia y el tejido donde adquiere/inocula el vector puede ser la epidermis, parénquima y floema (según el virus, ya que éstos pueden ser confinados o no confinados al floema de la planta infectada). No tiene efecto en la transmisión un período previo de ayuno del vector, tras la ecdisis o muda se pierde la capacidad de transmitir el patógeno, la especificidad patógeno-vector es intermedia y disminuye notablemente la eficacia de transmisión en inoculaciones secuenciales del mismo individuo vector.

fase de latencia

1. Período de escasa actividad que precede a una respuesta. 2. Primera fase de crecimiento o de adaptación de un microorganismo, especialmente bacterias, al ser transferido a un medio de cultivo en el que su desarrollo o multiplicación es apenas perceptible y su tasa de crecimiento nula. Precede a la fase exponencial en la curva de crecimiento de multiplicación rápida de microorganismos en un medio de cultivo.

Sociedad Española de Fitopatología
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